jueves, 21 de junio de 2012

"Enseñar es lo mismo que apretar tornillos" por Pablo Coria



Hoy traigo un artículo que he escrito yo mismo y que pretende ser una reflexión sobre el proceso de enseñanza basada en mi propia experiencia y contado como dice la canción "a mi manera". Espero que sea de vuestro interés. Al final del artículo encontrareis un enlace por si queréis descargar el artículo en pdf. Ahí va:

"Enseñar es lo mismo que apretar tornillos"
Por Pablo Coria

“En mi opinión, enseñar a tocar la flauta no es muy diferente de apretar tornillos”. Bueno en realidad, creo que esta idea, con matices, se puede hacer extensiva a cualquier tipo de enseñanza.  Bien, creo que una afirmación tan provocadora como ésta, exige que me explique  de inmediato.

La idea básica: se debe apretar el tornillo, pero sin pasarlo de rosca
La idea básica de este símil es que cuando asumimos la responsabilidad de enseñar a un alumno debemos tener muy presente la respuesta del mismo a nuestra acción didáctica. Traducido al lenguaje de tornillos, básicamente se trata de apretar el tornillo lo necesario pero a su vez estando atentos a no pasarlo de rosca. Si mantenemos este equilibrio el alumno sentirá  un nivel de exigencia necesario para su progreso pero nunca se debería sentir indebidamente estresado

Un destornillador para cada tornillo 
Un hecho conocido por cualquiera que alguna vez haya hecho cualquier mínima reparación o “bricolage” es la necesidad de utilizar las herramientas adecuadas. De este modo, no es lo mismo tener que apretar un tornillo liso que uno de estrella; y dentro de cada uno de estos tipos hay infinidad de calibres y tamaños. ¿Qué es lo que le pasa a un tornillo cuando pretendemos apretarlo con un destornillador que no es el apropiado? La respuesta es que se le estropea la cabeza. Pues eso, cuando tratamos con algo más sensible que un tornillo como es un alumno, será imprescindible elegir las herramientas adecuadas. Estas herramientas son conocidas en el mundillo de los profesores por el nombre de metodología (forma de enseñar), pero en mi opinión no se trata más que de escoger el destornillador adecuado

Escuchar a los tornillos
Un mecánico inexperto no está atento a la respuesta de los tornillos a su acción. Esta acción insensible puede provocar que en un momento dado el mecánico no oiga un chirrido de queja o detecte que el tornillo se ha atascado. No atender a los avisos o respuestas de los verdaderos protagonistas del aprendizaje, perdón de los tornillos, supone una metodología totalmente irresponsable ya que limita nuestro conocimiento de la situación y no posibilitará la toma de decisiones adecuada. El pobre tornillo seguirá chirriando hasta que finalmente no pueda avanzar.

Aflojar para poder volver a apretar
Algunas veces bien por una procedimiento inapropiado nuestro o por cualquier otra circunstancia nos damos cuenta de que el tornillo no se puede apretar más y que simplemente lo estamos forzando. En estos casos, la estrategia más inteligente es aflojar el tornillo para recolocarlo correctamente antes de volver a apretarlo, ya que seguramente no iba por el camino adecuado. A esto podríamos llamarlo rebajar momentáneamente la exigencia de los objetivos a alcanzar(aflojar), y probar otra metodología o camino; aunque yo creo que es más claro lo de “aflojar para poder volver a apretar”

Conocer todos lo tornillos posibles
Anteriormente he mencionado tornillos lisos y con cabeza de estrella y también hablé de distintos tipos de calibres, pero nos sorprenderíamos si fuésemos a una ferretería y viéramos la ingente cantidad de tornillos que existen. El caso es que aunque fuésemos a la mejor ferretería de nuestra ciudad, no encontraríamos más que la mínima parte de los tornillos que salen de las fábricas y de los que existen en el mundo. De hecho, muchas veces hasta dos tornillos salidos de una misma fábrica no son exactamente idénticos; por lo tanto necesitaremos conocer la mayor parte de modelos diferentes que esté a nuestro alcance y posteriormente estar atentos a las particularidades del ejemplar que estemos apretando. Hoy en día se ha dado en llamar a esto atención a la diversidad...

Un tornillo que quiere que lo aprieten: la motivación del tornillo
Ninguna sensación positiva supera a la del mecánico que se encuentra a un tornillo que le pide que lo aprieten. Esta motivación del tornillo puede ser debida a una calidad excelente del material o a las experiencias previas del tornillo. Nuestro trabajo como mecánicos consiste en no desperdiciar este tesoro en caso de que nos lo encontremos aunque es más probable que nos toque procurar con todos los medios a nuestro alcance que todos los tornillos finalmente deseen ser apretados.

La motivación del mecánico
Se habla muchas veces de la motivación de los tornillos pero se deja de lado la motivación del mecánico a pesar de la importancia de su labor. En mi opinión nada hay más motivador para un mecánico que ver como los tornillos están perfectamente ajustados y que incluso algunos de ellos agradecen o reclaman ser ajustados. Para que se den estas felices circunstancias el mecánico no puede dejar de hacer su trabajo con la máxima profesionalidad y cariño, ya que sino difícilmente podrá obtener unos buenos resultados. Por lo tanto esto es una pescadilla que se muerde la cola y la única esperanza que tiene el mecánico para no caer en el desánimo es hacer su trabajo lo mejor que sepa y pueda lo cual le granjeará un resultado provechoso que redundará en su propia motivación. O visto desde otro punto de vista, ¡el tornillo también actúa e influye sobre el propio mecánico!.

La importancia de los tornillos de alrededor
Algunas veces me he encontrado con algún mecánico novel que se sorprendía enormemente al observar que el hecho de apretar un tornillo producía que se moviesen  otros que estaban alrededor y a los cuales resultaba estar conectados. La sorpresa de estos mecánicos noveles es mayúscula cuando se enteran de que estos tornillos vecinos que están conectados con aquel otro que están apretando y que sufren cuando aprietas inadecuadamente el tornillo protagonista se llaman padres.

Vigilar que el tornillo no se afloje
Una vez que creemos que ya hemos conseguido el ajuste necesario del tornillo es fundamental comprender que no ha acabado nuestro trabajo. Los tornillos deben de seguir siendo comprobados periódicamente. Cualquier tornillo está sujeto a una fuerza de resistencia que como consecuencia lo va aflojando. Todos sabemos que una de las cosas más difíciles en el proceso de aprendizaje es la constancia y la continuidad. A veces conseguimos alcanzar algún pequeño éxito parcial en nuestro camino hacia el saber, pero lo verdaderamente meritorio es mantener nuestra constancia y no permitir que una indeseada fatiga o falta de motivación consiga  “aflojarnos”. Es necesario por lo tanto un continuo seguimiento de los tornillos

El tornillo que se convierte en mecánico
Nada hay más milagroso que aquellos casos de los tornillos que se convierten en mecánicos. En estos casos lo más importante es que estos nuevos mecánicos no se olviden de que alguna vez fueron tornillos. Curiosamente cuando parecería obvio que estos antiguos tornillos deberían desarrollar su nuevo trabajo con la mayor eficacia, a veces, nos encontramos con que el nuevo punto de vista los desorienta y que parecen haber salido de la Caverna de Platón por lo que deben aprender a adecuarse a su nueva realidad. (puede suplirse el ejemplo de la Caverna de Platón por uno más peliculero  como es el de los testigos que pierden su memoria cuando los Hombres de negro, Men in black, utilizan el curioso aparatito diseñado para tal efecto)

La importancia del mecánico: nace o se hace
En mi opinión el trabajo de mecánico es uno de los más complejos que existe. Para llegar a ser un buen mecánico se debe ir a una escuela de mecánicos, desarrollar una buena formación para posteriormente ir poco a poco atesorando una experiencia indispensable y enriquecedora fruto del contacto con la realidad. Lo peor del asunto es que todo esto tampoco garantiza que uno llegue a ser un buen mecánico por lo que creo que lo único realmente indispensable para llegar a ser un buen mecánico es lo único que no he dicho: querer dedicar tu vida a apretar tornillos.

Conclusión
Después de todo lo expuesto, creo que he explicado por qué en mi opinión enseñar es lo mismo que apretar un tornillo, aunque probablemente muchos estéis pensando que lo que realmente pasa es que ¡a mí me falta un tornillo!.


Pablo Coria Abel
Profesor de flauta y “apretador de tornillos”
Lugo, (España), junio de 2012


* Dedicado a todos los tornillos que mejor o peor he tenido el privilegio de apretar

9 comentarios:

Anónimo dijo...

Magistral, colega Pablo...
me he permitido colgarlo en el Facebook...
Un abrazo amigo...!!!

Flût'azimut dijo...

Enhorabuena por este artículo. Muy bueno el paralelo con los tornillos! Comparto totalmente tu opinión y es cierto que gran parte de la metodología de la enseñanza es encontrar el equilibrio entre apretar y aflojar los tornillos.
Aprovecho tu artículo para añadir mi propia reflexión. Para mi, en mi propia tarea de mecánica, una de las cosas más importantes (y reconozco que es casi una obsesión) es el disfrute del "tornillo". Hacer que cada clase (¿reparacion?!) sea un momento de disfrute y de placer (un poco lo que llamas tú la motivación). Y la verdad, no siempre es tarea fácil porque hoy en día los tornillos están muy ocupados con muchísimos mecánicos: el de judo, de patinaje, de inglés, etc.

Anónimo dijo...

El que atornilló ese tornillo
Buen atornillador será....

Apasionante el mundo de la mecánica!Y tu explicación... Awesome!

Un abrazo
Marta Coria

Anónimo dijo...

Precioso, Pablo, mecánico, poeta, humorista... ¡Feliz verano reponiendo fuertas con el destornillador!

Desde mi Atalaya dijo...

Bonita y curiosa forma de explicar la metodologia de la enseñanza.

Iván dijo...

Muy original el artículo además de divertido (algunas partes son para destornillarse, jeje)

Anónimo dijo...

Muy buena la fábula del tornillero. ¿Conoces la del mecánico que no conseguía apretar sus tornillos porque le exigían que apretase 25 tornillos a la vez en dos sesiones de 50 escasos minutos a la semana? Y casi al mismo tiempo otros 12 mecánicos especialistas reutilizaban el tornillo para otras funciones en otras 2 ó 3 sesiones de 50 escasos minutos a la semana. Y esto sucedía por las mañanas, ya que por las tardes el tornillo viajaba de fábrica en fábrica prestándose a otros usos como el descrito en tu fábula. Y esto sucedía día a día, semana tras semana, mes a mes y año tras año hasta que el maltrecho tornillo abandonaba la cadena de montaje con su cabeza más que deshecha.. Y a golpe de timbre de fábrica y todo!! En este vídeo se refleja una versión clásica de la fábula:
http://www.youtube.com/watch?v=7iITFrcNLcA
Moraleja. ¿Cuál es el límite de torsión de un tornillo sin que se le rompa la cabeza?
Un saludo.
Benito.

Bali Hotels dijo...

great post

Daniel Borja dijo...

(Uf!! todavía me restan diez horas antes de que acabe 2013 para rematar este asunto pendiente. Y es que aún puedo decir que fue el pasado año cuando me enviaste el enlace a este estupendo texto. Decir que fue hace dos puede desbordar mi límite de vergüenza!!)

Y ya que la cosa camina polo eido da ferraxería, diré que este manual de taller debe encontrarse en los estantes de cualquier enseñante junto a aquellos otros de autor ilustre como Freinet o Willems. En mi caso, así sucede.

Gracias por compartirlo!!